La propuesta de Casa Cien en Casa Ricardo Larraín Bravo es poco común: aquí el café no es el protagonista absoluto, sino el compañero perfecto para descubrir la arquitectura y el legado de quien dejó una huella en Santiago con hitos tan relevantes como la Iglesia de los Sacramentinos, la Población Huemul y el Palacio Íñiguez. 

La experiencia es única y ya acumula cientos de fotos en redes sociales. Y es que la alianza entre Casa Larraín Bravo y Casa Cien ha dado en el clavo: “Restaurar la memoria con un café”.

La histórica casona del año 1906 fue diseñada por el prolífico arquitecto Ricardo Larraín Bravo, autor de decenas de residencias como los Palacios Íñiguez y Herquíñigo y quien configuró parte de los barrios París Londres, Dieciocho y República.

Si bien la mansión nació como un proyecto residencial (en el primero de sus tres pisos estaban el salón, el escritorio y el comedor principal), desde 1950 el uso del primer nivel pasó a ser comercial. Desde entonces, ocuparon el espacio locales de comida, incluyendo un restaurante de comida casera. Sin embargo, desde hace un par de décadas, su dueña, Mabel Briceño, inició una larga odisea por lograr su recuperación, proceso que terminó reconvirtiendo el primer piso en una casa de reconocimiento a la obra de Larraín Bravo.

Fue aquí en donde, los también arquitectos, Víctor Droguett y Andrea Reyes, llegaron con la propuesta de instalar Casa Cien Café. “No queríamos hacer solo una cafetería ni una cadena de cafés. Queríamos crear una experiencia”, cuentan sobre el espacio que efectivamente crea una experiencia gastronómica y una pausa urbana con vista directa a la Iglesia de San Ignacio.

Los socios ya tenían experiencia previa con su local en Tobalaba y otro que funcionó en el Campus Oriente de la Universidad Católica.

Y esa misma lógica también se refleja en la carta. Más que apostar por tendencias internacionales o preparaciones sofisticadas, Casa 100 quiere rescatar sabores profundamente chilenos y cotidianos: sándwiches de huevo con cilantro, leche con plátano, huevo mol o manjar blanco aparecen como parte de una propuesta que mezcla nostalgia y patrimonio gastronómico. “Queremos recuperar esos sabores que uno recuerda del colegio o de la casa”, comentan.

El café abrirá inicialmente de lunes a viernes, con la idea de ir incorporando actividades culturales y aperturas especiales durante el año, especialmente para el próximo Día de los Patrimonios. De hecho, sus creadores insisten en que el proyecto no busca “inaugurar una cafetería”, sino abrir una casa patrimonial a la ciudad.

“Lo importante aquí es la arquitectura. El café está subordinado a la casa”, resumen. Y quizás ahí está justamente el encanto del lugar: en un Santiago acelerado y lleno de espacios de paso, Casa Cien propone detenerse un momento, mirar alrededor y tomarse un café mientras la historia vuelve a habitar la ciudad.

¿Cómo nace Casa 100 Café?
—Partió de una manera bien extraña. Nosotros somos arquitectos y llevábamos años diseñando cafeterías y restaurantes para otros. Entonces pensamos en crear un showroom para mostrar nuestro trabajo, pero al final ese showroom se transformó en una cafetería abierta al público. Así nació Casa Cien Café.

¿Y por qué el nombre?
—Porque nuestra oficina se llama G100 Arquitectos. La idea era que esta fuera “la casa de los 100”. Nuestra oficina sigue estando en el segundo piso del local de Tobalaba y abajo funciona la cafetería.

¿Siempre quisieron mezclar arquitectura y café?
—Sí. Para nosotros el café nunca fue solamente vender café. Lo interesante era unir arquitectura, diseño, patrimonio y gastronomía. Queríamos crear una experiencia más que un local comercial tradicional.

¿Cómo llegaron a esta nueva casona?
—Ahí apareció Mabel, que estaba liderando la restauración de esta casa patrimonial. Hicimos match muy rápido porque compartíamos la misma visión: rescatar la memoria del lugar y acercar el patrimonio a la vida cotidiana.

¿Qué significa eso en la práctica?
—Que venir acá no es solo tomarse un cappuccino. La idea es recorrer la casa, observar la arquitectura, detenerse un rato y conectar con el espacio. Por eso nuestro lema es “Restaurar la memoria con un café”.

“Queremos que la gente entre y descubra esta casa”

¿Qué tiene de especial esta casona?
—Muchísimo. Incluso nosotros, siendo arquitectos, descubrimos hace poco que esta casa fue diseñada por el mismo arquitecto de Los Sacramentinos. Eso demuestra que muchas veces conocemos más la historia de otras ciudades que la de Santiago.

¿La cafetería está pensada para acompañar el recorrido?
—Exactamente. El café está subordinado a la casa. Lo más importante acá es el valor arquitectónico y patrimonial. Nosotros solo queremos acompañar esa experiencia. Esto funciona casi como un libro. Cada espacio te va entregando información y sensaciones distintas: la luz, las alturas, el silencio, la temperatura de la casa. Son cosas que hoy pocos cafés pueden ofrecer.

La carta también tiene un enfoque patrimonial, ¿no?
—Totalmente. Queremos rescatar sabores tradicionales que se han ido perdiendo. Por ejemplo, el huevo mol, el manjar blanco, los sándwiches de miga con huevo y cilantro o la clásica leche con plátano.

¿Por qué apostar por esos sabores?
—Porque son parte de nuestra memoria cotidiana. Hoy muchos cafés ofrecen lo mismo: chai latte, medialunas, productos más estandarizados. Nosotros queremos recuperar preparaciones simples, pero cargadas de recuerdos.

¿Habrá cocina y platos más elaborados?
—No por ahora. Este es un café al paso, sin cocina y sin servicio a la mesa. Queremos ir creciendo de manera gradual, entendiendo cómo la gente habita el espacio.

¿Ustedes ya venían del rubro cafetero?
—Nos gustaba mucho el café, pero hemos aprendido muchísimo en estos últimos años. Hemos hecho cursos, trabajado con baristas y explorado distintos granos y métodos.

¿Incluso están desarrollando su propio café?
—Sí. Hoy estamos explorando una línea propia de granos, algo que nació justamente de toda esta experiencia acumulada.

¿Se volvieron fanáticos?
—Muchísimo. De hecho, uno de nosotros tomó tanto café probando preparaciones que terminó desarrollando una alergia temporal. Pero todo eso también ha sido parte del aprendizaje.

¿Y habrá inauguración?
—Más que inaugurar el café, queremos inaugurar la experiencia de recorrer esta casa con un café en la mano. Por eso probablemente hagamos algo especial para el Día de los Patrimonios.

¿Qué esperan que pase con este proyecto?
—Que la gente vuelva a habitar Santiago y descubra estos lugares. Si alguien entra por curiosidad, recorre la casa y se queda tomando un café, entonces ya cumplimos el objetivo.

 

  • Dónde: San Ignacio de Loyola 89
  • Cuándo: De lunes a viernes de 8.00 a 17.00 horas.