Con más de 40 años de trayectoria, esta singular librería no tiene un local abierto al público, pero sí una gigantesca colección de libros antiguos y escasos: primeras ediciones, volúmenes descatalogados y ejemplares que difícilmente pueden encontrarse en otro lugar.

La Librería Monte Sarmiento es un verdadero laberinto de libros. No son cientos, sino miles de ejemplares los que se encumbran en las estanterías de un local escondido en calle Santa Isabel. Un espacio sin letrero, al que solo se puede ir con cita previa, y que cuyo dueño es tan bajo perfil como la propia librería.

A Iván Drazic no le gustan las fotografías ni los videos.

—Hace años me descuidé y me tomaron una foto cuando regalé un libro del fundador de Colo Colo —cuenta, encogiéndose de hombros.

Con paso tranquilo, camina entre los estrechos pasillos y toma, en un aparente azar, los títulos que más le llaman la atención. Y es que pese a la aparente desorganización, sabe —o al menos intuye—  dónde está la mayoría de los ejemplares. El más antiguo de su colección, es una edición del siglo XVI que guarda en su casa de San José de Maipo. Y es que Monte Sarmiento es una librería especializada en los libros antiguos. Entre sus tesoros hay una edición de Desolación (1923) dedicada por Gabriela Mistral a Berta Singerman, además de un volumen recopilatorio firmado por el pintor José Venturelli, que perteneció a la colección del recientemente fallecido Claudio Di Girolamo.

Sin embargo, sus favoritos son los de botánica —se define como un naturalista— y los de Magallanes, su región natal, de cuya montaña con forma piramidal, ubicada en Tierra del Fuego, tomó el nombre para bautizar su librería.

Hijo de inmigrantes croatas, llegó a Santiago con su familia cuando tenía 14 años. Su afición por la lectura comenzó en la infancia, cuando leía las revistas El Peneca, Gol y Gol y Okey, considerada la primera publicación chilena dedicada al cómic.

—Siempre he sido buscador de libros. Toda la vida. Pero nunca he trabajado ni en una librería ni en una editorial, solo no más—asegura.

Inició actividades en 1983 con la venta de libros infantiles para colegios y a la par comenzó su colección con ejemplares de la Patagonia.

—Cuando empezó la venta por internet, el año 2011, el 90% del mercado era de libros nuevos y solo el 10% correspondía a libros antiguos, que eran los míos. Pero después se dio vuelta todo —recuerda sobre sus primeros años vendiendo a través de Mercado Libre y AbeBooks.

El lugar para leer de Iván Drazic en su librería. Fotografía: Claudio Olivares Medina. Julio 2026.

—¿Le costó vender los primeros libros, los que eran parte de su colección?
—Me duele hasta ahora.

—¿Cuál diría que es la principal temática de Monte Sarmiento? ¿Cuál es su especialidad?
—Está el dicho de que «no se pueden poner todos los huevos en una sola canasta». Entonces aquí tenemos desde libros de Derecho —civil, penal y constitucional—, que se venden mucho, hasta historia, literatura, arte y política. Tenemos de todos los temas.

—¿Cuántos ejemplares conforman el acervo de la librería?
—Unos diez mil —responde su ayudante, Catalina—, aunque solo tres mil tienen su ficha completa. Estamos en pleno proceso de catalogación: fotografiando cada libro y registrando toda su información. Es un trabajo muy minucioso, de libro por libro.

—¿Tiene una sección dedicada a la historia de Santiago?
—Todavía no llegamos a esa parte, pero ya tenemos ordenada la historia de las regiones. Por ejemplo, el Norte Grande ya está completamente clasificado: son más de mil libros. También está reunido todo lo relacionado con la Patagonia. Y estamos partiendo con Chiloé.

—El catálogo es online, pero el sistema de organización sigue siendo completamente análogo
—Es que hay libros antiguos que no tienen código de barras ni ISBN. Si les pegáramos una etiqueta, los estaríamos interviniendo, incluso dañando. Estamos ordenando todo, aunque a veces igual nos demoramos en encontrar un libro. Me ayudan Catalina Vega y Antonia Velásquez, dos historiadores del arte que saben montones.

—¿De dónde provienen los libros? ¿De remates? ¿De bibliotecas particulares?
—Muchos los compré hace años. También compro en remates o directamente a clientes. El otro día me llamó una señora que tenía una enorme colección de libros de política. Compré unos cincuenta. Ya no se puede comprar todo, porque muchos libros nunca se venden. De cada diez libros que uno compra, tres se venden rápido, dos más o menos y cinco no se venden nunca.

—¿Tiene algún libro favorito?
—Como soy muy naturalista, uno de mis favoritos es La sobrevivencia de Chile, de Rafael Elizalde Mac-Clure. Todos los problemas ambientales que vivimos hoy —el agua, la destrucción de los bosques, la naturaleza— él los escribió hace más de cincuenta años.
Y el otro es Sadhana: un camino de oración, del jesuita Anthony de Mello, porque también soy espiritualista. Es un libro para reflexionar, con cuarenta ejercicios espirituales que hay que hacer uno por uno. Lo leo, lo vuelvo a leer y también lo regalo.

—¿Su familia también se dedicaba a este rubro?
—No. Generalmente, en las familias de libreros hay solo una generación dedicada a este oficio.

—¿Y hasta cuándo piensa seguir con este negocio?
—Una vecina que ya se jubiló siempre me veía llegar con plantas. Un día me preguntó: «¿Qué le gusta más, los libros o las plantas?». ¿Qué cree que le respondí?

—¿Los libros?
—No. Las plantas. Es que soy naturalista. Tengo muchos libros sobre jardines, árboles y botánica. Lamentablemente casi no se venden, así que esos son míos.

Fotografías de Claudio Olivares Medina para Amo Santiago, julio de 2026. 

Catalina Vega sostiene una postal con una ilustración de Monte Sarmiento para representar así la figura de Iván, quien cree en la «despersonalización de las instituciones. Esta librería tiene que ser impersonal, funcionar independientemente de quién la dirija».