El espacio, inaugurado en 1889, es Monumento Nacional y forma parte del histórico establecimiento educacional jesuita que el pasado 1 de mayo cumplió su aniversario número 170. El lugar ha sido escenario de premiaciones, conciertos, exposiciones artísticas y conferencias. Sin embargo, uno de sus usos menos conocidos fue el de sala para ver películas.

* Fotografías de Claudio Olivares Medina

El salón de actos del Colegio San Ignacio sorprende por su majestuosidad. Una vez traspasada su puerta, el visitante se encuentra con una escena que pareciera salida de una postal europea.

Impactan tanto sus antiguos pisos, la doble altura y la amplitud del espacio —con capacidad para 400 personas— como los colores pasteles de sus muros y los relieves con formas de ángeles y flores. Sin embargo, lo que más llama la atención son sus cielos. “Aquí vemos cuatro grandes pinturas que corresponden a las cuatro grandes áreas curriculares que en el siglo XIX se enseñaban en este colegio: el mundo de las Ciencias Naturales, el de las Humanidades, el de la Teología y, finalmente, el de las Ciencias Exactas”, revela el profesor Juan Carlos Poblete.

El auditorio, junto a la capilla doméstica colindante y a la vecina Iglesia de San Ignacio, está declarado Monumento Histórico Nacional desde el 2004. Sus planos fueron proyectados por el arquitecto italiano Eusebio Chelli, el mismo autor de los templos de Las Agustinas, La Preciosa Sangre y el Buen Pastor.

De estilo neoclásico renacentista, el teatro fue inaugurado en agosto de 1889, pero no fue hasta 1940 cuando comenzó a funcionar como sala de cine. Según relata Poblete, “esta fue una de las primeras salas de Santiago donde, los domingos a las tres de la tarde, se ofrecían funciones a la comunidad”. Testigo de aquellos días subsisten las roldanas por donde se subía el telón y dos antiguas máquinas proyectoras. “Una la tenemos acá y la otra está prestada a la exposición que está realizando la Cineteca Nacional en el Centro Cultural La Moneda. También prestamos una corrida de butacas, que eran las originales de este salón de actos”.

El lugar formó parte del circuito cinematográfico capitalino. “El hermano Delgado contaba que los juniors se trasladaban en bicicleta llevando los rollos de película de un cine a otro. Entonces aquí, llegaban películas que ya habían hecho la matinée en los cines del centro. Los rollos todavía venían calientes, por lo que tenían que enfriarlos para que no se cortaran. Y si se cortaban, había que pegarlos”, recuerda Poblete.

El abogado y diplomático Mariano Fontecilla de Santiago Concha, hoy de 101 años, fue alumno ignaciano y, durante la reciente celebración del aniversario del colegio, evocó precisamente aquellos días de cine. “Cuando vino, recordó cómo era asistir a ver películas. Nos contaba que no cabían en el asombro al descubrir este cine, que al comienzo era mudo y después incorporó sonido. Para él, volver aquí es reencontrarse con un espacio profundamente ligado a su vida escolar”.

Pero esos no son los únicos recuerdos que conserva el lugar. Aquí se graduó en 1917 San Alberto Hurtado, y años más tarde, también el pianista Claudio Bravo y el actor Héctor Noguera, quienes encontraron en estas tablas una fuente de inspiración.

“Cuando en 2012 restauramos este espacio e hicimos la ceremonia inaugural, don Héctor quiso hablar. Recuerdo con claridad que no pudo hacerlo por la emoción. Decía que aquí, en el colegio, descubrió su vocación por el teatro. Entonces, para nosotros, este es un espacio profundamente relevante. Aquí está parte importante de la historia del colegio y de las personas que han pasado por él”, relata Poblete.

La actividad artístico-social del salón de actos se vio interrumpida tras el terremoto de 2010, que, si bien no ocasionó daños estructurales graves, afectó seriamente la fachada principal, pilares y ornamentación interior. Gracias a fondos del Programa de Reconstrucción Patrimonial del entonces Consejo de la Cultura, se realizaron obras de restauración que permitieron la recuperación estructural parcial y la restauración de elementos de madera, yeserías ornamentales, mobiliario e imaginería del edificio.

Actualmente, el lugar puede visitarse durante cada edición del Día de los Patrimonios que se realiza a fines de mayo.