La ciudad, su geometría, sus luces y sombras y especialmente quienes la transitan son el sello característico del trabajo fotográfico de Eduardo Carvajal González. Retratista urbano que lleva siete años “callejeando” Santiago en busca de esos momentos únicos en medio del ajetreo capitalino. Escenas que delatan el ánimo actual de la urbe: mucho de agobio, soledad y cansancio.

De profesión kinesiólogo, lleva su cámara consigo a todas partes, por lo que parte importante de sus fotografías son testigo de trayectos en el transporte público y de esas pequeñas historias que se cuelan entremedio.

¿Qué te motiva a salir a fotografiar la vida urbana de Santiago?
Encontrar historias que pasan inadvertidas a los ojos de cualquier persona, buscar momentos únicos que son efímeros, descubrir rincones de luz que albergan relatos que nunca más se van a repetir. Llevarme en mi cámara uno de esos momentos es un tesoro.

Tu cuenta de Instagram (callejero_edo) da cuenta del «callejear» por la ciudad, que también es mucho de observación, ¿Cómo describirías la vida en la ciudad? ¿Qué imágenes te han sorprendido más?
En cada lugar o ciudad por la que he caminado junto a mi cámara, representa el sentir de la sociedad, es el fiel reflejo de lo que nos pasa día a día, es un espejo que se abre y ofrece a quien se detiene por un minuto, sus luces y sombras, sus penas y alegrías. Incluso cada comuna en Santiago te ofrece ciertas características en las fotografías. Particularmente en Santiago, nos ofrece mucho de cómo estamos como sociedad, cansados, agotados, agobiados, quizás las largas horas de trabajo, el ritmo inagotable se ve reflejado en el semblante de mis fotografiados.

Las imágenes que más me han sorprendido han tenido relación con la pandemia, nos reconvertimos, nos distanciamos, y encontrar escenas de gente de la mano o besándose fue un lujo entre tanta historia triste.

En tu trabajo se contempla mucho de retratos a transeúntes ¿cómo ha sido la experiencia de fotografiar a personas desconocidas en la calle? ¿te acercas o simplemente los capturas?
Ha ido cambiando mi experiencia respecto a los transeúntes. En un inicio era tímido y eso lo percibía la gente. Esto provoca inseguridad, miedo, recelo y a veces enfado. Entendí que cambiando mi postura y mi forma como enfrento cada fotografía me daría más posibilidades de no generar esa animadversión a mi trabajo. Pocas veces se han enojado, y cuando me han pedido borrar las imágenes porque se han sentido incómodos, las he borrado. Pero son más la veces que se han acercado y me han pedido una copia u otras veces, cuando creo que la fotografía sería un bonito regalo para una pareja, me acerco y les muestro mi trabajo para luego compartirlo con ellos.

¿Cuál es tu rutina para fotografiar?
No tengo rutina, mi trabajo y rol como padre no me lo permite, por lo mismo, siempre llevo mi cámara, fotografío cuando voy al trabajo o regreso a casa, cuando voy a comprar, cuando estoy en mi barrio, aprovecho cada momento y cada rayo de luz para capturar lo que más pueda.

¿Cuáles son tus tres imágenes favoritas de tu trabajo y por qué?
Es difícil tener imágenes favoritas, mis gustos cambian a diario, un día las amo y al otro siento que no son tan buenas. Pero hay algunas que las atesoro porque no creo que se vuelvan repetir.

¿Algún lugar que tengas pendiente de fotografiar dentro de la Región Metropolitana?
Sí, muchos que espero poder ir pronto al Matadero Franklin, Vega Central y alrededores, y volver a mi barrio de Estación Central, donde nací. Por otra parte, más que lugares tengo proyectos que me encantaría concretar, uno de ellos es de personajes populares reconocidos en la calle, retratarlos con dignidad, pero con su verdad delante del lente. Retratar la prostitución en personas mayores y contar su historia en una mezcla de foto libro y documental. Y otro proyecto un poco más ambicioso como es el retratar a personas en internación con enfermedades mentales. Espero poder concretar alguno durante el 2024.

Exposición abierta
«A comienzos del 2017 compré mi primera cámara y con ello la curiosidad de cómo usarla. Fotografiaba todo lo que podía, pero sentía que no lograba manejar completamente. Es así como el 2018 tomé un curso en el Club de Fotografía Chile y así me sumergí en la fotografía con más herramientas y entendiendo lo que estaba haciendo. Mi relación con el club es especial, le tengo un cariño inmenso, Felipe Castro, que es su director, creó una hermosa comunidad y nos ha dado la oportunidad de crecer a través de este hobby que para mí es un oficio. En este club conocí a mi compañera de vida y con ella tuvimos una hija que sin duda seguirá los pasos de ambos en la fotografía” relata Eduardo.

Actualmente, junto a otros 11 fotógrafos participa de un ciclo de exposiciones del Club de Fotografía Chile y Grupo Patio que se presentan en varios edificios del sector oriente de Santiago.

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