Te invitamos a leer el siguiente reportaje que es parte del proyecto Historias y recuerdos de locales comerciales de Santiago, una iniciativa financiada por el Fondo de Medios del Ministerio Secretaría General de Gobierno y el Consejo Regional de Santiago.

 * Entrevista: Paulina Cabrera Cortés / Fotografías de Claudio Olivares Medina.

Con amabilidad y calma, don Claudio Burg saca una bandeja llena de bombones, y ofrece una degustación. Se trata de la misma receta que se ha mantenido por casi 90 años y que trajeron sus padres desde Europa. Chocolates artesanales en base a manteca de cacao puro que ha caracterizado a Dos Castillos, la chocolatería más antigua de Santiago.

En su local de Galería Edwards, mantiene la tradición familiar con la que ha endulzado a distintas generaciones. Bombones finos rellenos con pasta de chocolate, trufas y mazapanes y chocolates en distintos formatos, como los que tienen forma de corazón, los huevitos de cada Pascua y los que bañan las apetecidas naranjitas confitadas.

Un mundo de bocados dulces al que don Claudio llegó cuando apenas tenía siete años. “Este local se abrió el año 1948, pero previamente, mis padres subarrendaron otro que estaba en la entrada de la galería, que era una cristalería. De eso me acuerdo”.

Entre las estanterías que se ven en la tienda, se encuentra la medalla que le entregó la Municipalidad de Santiago por su aporte a la gastronomía local y su legado en la comuna, los retratos de sus padres Edith y Fritz Burg y los distintos moldes que han sido parte de la historia de Dos Castillos. Como los de las desparecidas lengüitas de gato y los que fueron elaborados especialmente para el antiguo Hotel Carrera.

—La historia de Dos Castillos parte con su familia. ¿Cómo comenzó todo?
Mi madre había aprendido a hacer chocolates en Alemania y después fue a Suiza a perfeccionarse en lo que es la confección de bombones. Mis padres eran judíos, entonces se vinieron a Chile escapando de Hitler. Desembarcaron en Valparaíso, y desde ahí se vinieron a Santiago a comenzar una nueva vida.

—¿Usted nació aquí?
Sí, nací en Chile. Tengo una hermana.

—¿Y qué recuerda de ese Santiago de su infancia?
Totalmente distinto al de hoy. La gente venía al centro a hacer sus compras y a pasear. En Huérfanos había entre ocho y diez cines; la gente iba al cine y luego pasaba a los cafés, estaba el Café Santos, los cafés Paula y el Café Villarreal. Yo venía el domingo y se atendía a público. Había mucho flujo de gente. En la Plaza de Armas el Orfeón de Carabineros tocaba, pero no donde está el Odeón ahora, sino más cerca de Merced, frente al Portal. Había más árboles, más asientos.

—¿Y cómo funcionaba el negocio en esos primeros años?
Este siempre fue el local de venta, mi papá tenía un socio, de tal modo que el socio estaba aquí y mis padres estaban en la fábrica. La fábrica estuvo primero en calle Lautaro, en Providencia. Después, el dueño del terreno construyó cerca de ahí, en una calle paralela, una nueva fábrica y también la casa donde vivíamos. Mi papá nunca tuvo vehículo, así que arrendaba un taxi o había un señor que también nos transportaba todos los días para traer mercadería al local.

—Este local es de lo más antiguos de la Galería Edwards. ¿Recuerda otras tiendas que ya no existen?
Al frente había una tienda que vendía ropa de guagua, Pulgarcito o Pulgarcita. Habían también muchas joyerías, queda la Joyería Escobar y la Camisería Carrera, que cambió de dueño.

—¿Por qué el nombre Dos Castillos?
Porque “Burg” en alemán significa “fortaleza”, un castillo fortificado. En Alemania la esposa cuando se casa queda con el apellido del esposo, entonces en este caso era Edith Burg y Fritz Burg. En Chile, un primo de mi mamá, que hablaba mejor español, les dijo: “Ustedes son dos Burg… Dos Castillos”. Y quedó.

—¿Cuándo asumió usted el negocio?
Siempre ayudé de niño: hacía despachos en Navidad, por ejemplo. Después fui al colegio, entré a la universidad, trabajé en una empresa minera en el norte… y en 1967 ingresé de lleno a Dos Castillos. Más tarde mis padres se retiraron y quedé a cargo.

—¿Qué modernizaciones tuvo que hacer?
Siempre mantuvimos el carácter artesanal, pero en 2011 cambiamos la fábrica a un lugar más moderno. Cambiaron algunas cosas, antes los baños maría funcionaban solo con agua caliente y termómetros; ahora se maneja con termostatos.

—¿Es un negocio que sigue siendo rentable?
Hay competencia, claro, pero mantenemos un nicho fiel y también llega gente nueva que nos ha conocido por redes sociales. Yo espero seguir atendiendo mientras las fuerzas me acompañen.

—¿Cuál es el producto estrella?
En realidad, todo se vende bien. Tenemos bombones de mazapán en distinas variedades, trufas, chocolates macizos —de leche, leche de almendras, chocolate blanco— naranjitas confitadas bañadas con chocolate. Y en los últimos años ha aumentado mucho la demanda del chocolate bitter, 85% cacao. Antes lo compraban sobre todo alemanes; pero hoy lo busca todo tipo de público.

—¿Qué recomendaría para un regalo?
Las cajas surtidas de bombones. Hacemos más o menos 25 variedades, así que una caja tamaño número 2 trae prácticamente todos los sabores.

—¿Cómo describiría el oficio de hacer bombones?
Uno ya está tan acostumbrado, por ejemplo, a preparar una cierta cantidad de mazapán, eso obviamente después lo va subdividiendo con los distintos sabores —mazapán naranja, mazapán fruta confitada, mazapán café, mazapán cherry, crocant—, también trufas y ganaches. Algunos bombones tienen dos capas. Es un trabajo artesanal, hecho a mano.

—Este local mantiene la estética original, ¿cierto?
Sí. Toda la estantería es la misma con la que se inició. Siempre han existido las cajas para los bombones, incluso un cliente me trajo una caja antigua que ni yo recordaba; debe tener unos 70 años.

—¿Y una invitación final para quienes no los conocen?
Invito a todo el público a que nos venga a conocer, que vengan a probar nuestro producto y lo estaremos atendiendo de la mejor manera.

 

  • Dónde: Galería Edwards, entrada Compañía de Jesús 1068, local 388.
  • Cuándo: De lunes a viernes de 10.30 a 18.00 horas.

Retrato a don Claudio Burg. Fotografía de Claudio Olivares Medina. Noviembre 2025.

La chololatería Los Castillos se ubica en el locl 388 de la Galería Agustín Edwards, Compañía de Jesús 1048. Fotografía de Claudio Olivares Medina. Noviembre 2025.

Retrato a don Claudio Burg. Fotografía de Claudio Olivares Medina. Noviembre 2025.