Te invitamos a leer el siguiente reportaje que es parte del proyecto Historias y recuerdos de locales comerciales de Santiago, una iniciativa financiada por el Fondo de Medios del Ministerio Secretaría General de Gobierno y el Consejo Regional de Santiago.

* Entrevista de Paulina Cabrera Cortés / Fotografías de Claudio Olivares Medina.
La historia de la Reparadora El Griego, de Galería Edwards, es la historia de un legendario local comercial dedicado al arreglo de zapatos y también es la historia de una colectividad griega, unida por sus tradiciones y el trabajo.
La tienda fue fundada en 1957 por el griego Atanasio Manis Keranis (1930–2016), quien llegó al país tras embarcarse en el Provence, desembarcar en Buenos Aires y continuar su viaje en un tren de trocha angosta hasta la Estación Mapocho. Según una entrevista que le hizo el diario Las Últimas Noticias en el año 2003, al llegar a Santiago comenzó trabajando en la fiambrería de su cuñado —también griego— ubicada en Merced 380. Y luego, con el capital que traía de Europa, abrió un pequeño taller dedicado a fabricar zapatos ortopédicos a la medida. Don Atanasio se definía así mismo como el «el único zapatero europeo en Chile».

Crédito de fotografía de archivo: Raúl Inzunza.
Si bien la nostalgia lo hizo volver un tiempo a su país natal, regresó y se quedó de manera definitiva, llegando a formar una cadena de cuatro reparadoras de calzado: tres bajo el nombre El Griego y una cuarta llamada Zorba. Precisamente en esta última trabaja desde hace más de 30 años, Alexandra Prindessis Musa, quien ha sido testigo de las transformaciones del centro de Santiago y de una clientela que se ha mantenido fiel por varias generaciones.
— ¿Su apellido es griego? ¿Este negocio es familiar?
Sí, mi apellido es griego, pero este negocio no es de mi familia directa. Pertenece a otro griego. Yo soy hija de griego también, somos parte de la colectividad. En ese tiempo, hace 30 años, uno llegaba por conocidos, por la red que se formaba entre las familias. Vinimos una vez de visita y, la verdad, todavía no nos vamos.
— ¿A qué se dedica específicamente el local?
La empresa es una reparadora de calzado, pero no solo eso. También hacemos ortopedia, vendemos insumos médicos, plantillas y trabajamos marroquinería. Se arreglan carteras, chaquetas, forros, teñidos, parches… es un sinfín de cosas.
— ¿Siempre se han dedicado a lo mismo?
Sí, siempre. Partió solo como reparadora de calzado y con el tiempo se fue ampliando, incorporando nuevas especialidades.
— ¿Se mantienen los oficios tradicionales en la reparación?
Totalmente. Todo lo que es suelas, plantas, tapillas, parches, plantillas, teñidos, hormas… eso se mantiene por tradición. Detrás de nosotros hay maestros zapateros y marroquineros, gente muy experta. Nosotras también hacemos muchas cosas, no somos solo vendedoras. Todas participamos del trabajo. Detrás de este delantal hay grandes mujeres.
— ¿Cómo han vivido la competencia en el rubro?
No nos afecta en nada, al contrario, nos ha favorecido. Por la calidad del trabajo, la gente vuelve.
— ¿Qué tipo de clientes llegan hasta acá?
Hay personas que sufren mucho de los pies: que tienen un pie más corto, otro más alto, juanetitos. Un zapato nuevo no lo encuentras listo, aquí se adapta. Llegan zapatos usados, nuevos, de cuero, sintéticos, de todo.
— ¿Tienen clientes fieles?
Sí, muchos. Algunos ya no están, han fallecido, pero otros vienen por años. Uno ya conoce sus pies, sabe cuánto realce necesita cada cliente. Entran con el zapato y uno ya sabe lo que hay que hacer. Eso genera confianza. Aquí vienen los abuelos, luego los hijos y ahora los nietos. Es una costumbre que se hereda. La gente viene y se acuerda que se sentaba aquí y usaba taquitos altos y se ponían tapillas finitas.
— En el contexto actual, ¿cree que la gente repara más que antes?
Sí, hoy en día la gente está arreglando más que desechando. Un zapato cómodo es impagable. Además, los cueros antiguos —antes de la pandemia— eran de mejor calidad. Hemos recibido zapatos de los años 80 con el cuero impecable. Hoy un zapato nuevo con uno o dos años ya no es lo mismo.
— ¿Recuerda alguna reparación especialmente difícil?
Muchas. Chaquetas y pantalones de moto, por ejemplo, que pesan muchísimo. Son desafíos. Acá recibimos trabajos que en otros lados no hacen. Eso asegura al cliente y vuelve.
— ¿Cómo enfrenta usted cada trabajo?
Es un trabajo de ingeniería mental. Cuando recibo algo, de inmediato estoy diseñando cómo lo voy a hacer. Eso te lo da la experiencia.
— ¿Qué rol cumple la comunidad griega en su vida?
Muy importante. Soy parte activa de la colectividad griega desde siempre. Mantengo las tradiciones, la comida, el idioma, los bailes. Fui bailarina muchos años y hoy soy presidenta de la Dama Griega. También hago clases de cocina griega.
— ¿Sabe cómo llegaron los fundadores a instalarse aquí?
Eran personas que venían de la guerra, igual que mis padres. Gente que te heredó su sabiduría, sus vivencias, su sufrimiento. Hoy uno intenta hacer las cosas con humildad, tener respeto por el prójimo porque eso desde niño te lo inculcan. Llevar un apellido griego te enorgullece y te honra, más si te casaste con un griego.
— Y finalmente, después de tantos años, ¿qué significa “El Griego” para usted?
Perseverancia. Uno trabaja más de lo que puede y da más de lo que debe. Todo lo que tengo lo he logrado trabajando acá, con esfuerzo y orden. Empecé recién casada, sin casa, y con los años fui construyendo todo. Tengo un profundo agradecimiento a este local.
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- Dónde: Visítalos en el local 1025 de la Galería Edwards, ubicada en Ahumada 340, Santiago.

Los talleres de “El Griego” funcionan en el segundo piso de Galería Edwards, en donde se reparan zapatos, carteras y chaquetas. Fotografía de Claudio Olivares Medina. Noviembre 2025.

La reparadora El Griego se encuentra en la Galería Edwards, Ahumada 340 local 1025. Fotografía de Claudio Olivares Medina. Noviembre 2025.





