Por primera vez, la colección más grande de pinturas del Banco Central, se exhibe al público. Parte de las obras que colgaban en las paredes de los pasillos y oficinas del instituto emisor fueron trasladadas al cercano Centro Cultural La Moneda. Aquí se muestran juntos, de manera inédita, 128 lienzos, entre los que destacan pinturas de artistas fundamentales como José Gil de Castro, Raymond Monvoisin, Pedro Lira, Celia Castro, Camilo Mori, Ana CortésJuan Francisco González, Thomas Somerscales, Rafael Correa, Luis Strozzi y Pablo Burchard, entre otros. Obras que además lucen su esplendor original, luego de ser restauradas por un equipo de profesionales y pasantes de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

La exhibición también incluye réplicas de lingotes de oro, medallas, balanzas, monedas y billetes que dan testimonio de los 100 años de historia de la autoridad monetaria del país.

Hace algunos días participamos en un recorrido guiado por los curadores Juan Manuel Martínez y Pedro Maino, quienes destacaron el valor de esta colección pictórica compuesta por 320 obras. De ellas, 224 fueron entregadas por los desaparecidos bancos Unido de Fomento de Talca y el Hipotecario de Chile como parte del pago de la deuda subordinada durante la crisis bancaria de 1982.

Entre las piezas exhibidas destacan los retratos del político Mariano Egaña, realizado por Monvoisin, y del Presidente Arturo Alessandri Palma junto a su perro Ulk, pintado por Jorge Délano —conocido como Coke—, caricaturista y creador de la revista Topaze. Este último cuadro se conserva en el salón de los consejeros del Banco Central, en reconocimiento a la relevancia de Alessandri en la historia institucional. Bajo su primera presidencia se establecieron las bases del Banco Central, y en su segundo mandato, junto a su ministro de Hacienda Gustavo Ross Santa María y el presidente del Banco Central Guillermo Subercaseaux, impulsaron una política de recuperación económica.

  • Dónde: Salas Andes y Pacífico en el Nivel -3 del Centro Cultural La Moneda, Plaza de la Ciudadanía 26.
  • Cuándo: Del 6 de agosto al 30 de noviembre de 2025. Martes a domingo de 10:15 a 18:45 horas.
  • Cuánto: Entrada liberada.

Imágenes de un Santiago que ya no existe

La muestra Reflejos de Chile incluye la sección “Contrastes metropolitanos”, una selección de obras que retratan un Santiago campestre en pleno tránsito hacia su transformación en gran ciudad.

Te invitamos a recorrer estas pinturas, en las que se revela un centro capitalino y alrededores, hoy irreconocible.

En la quinta de El Llano de Ramón Subercaseaux Vicuña, año 1932
Tras vivir en Europa, Ramón Subercaseaux Vicuña (1854-1937) y Amalia Errázuriz Urmeneta se establecieron en Chile a comienzos del siglo XX, primero en el Palacio Urmeneta y luego en la Quinta de El Llano, una antigua propiedad familiar ubicada en el sur de Santiago. Esta hacienda, adquirida en 1839 por su padre Ramón Subercaseaux Mercado, prosperó gracias al desarrollo agrícola impulsado por el Canal San Carlos y se convirtió en la reconocida Viña Subercaseaux bajo la dirección de su hijo Ramón Subercaseaux Vicuña. La casona y su parque, diseñados en parte por Óscar Prager, fueron escenarios recurrentes en la obra pictórica de Subercaseaux Vicuña, quien los retrató tras la muerte de su esposa en 1930. Una de esas pinturas, que refleja la intimidad familiar y el entorno de la hacienda, fue subastada en 1978 y pasó a formar parte de la colección del Banco Hipotecario de Chile.

Calle Morandé de Ramón Subercaseux, año 1934
Ramón Subercaseaux retrató en esta otra pintura una vista de la calle Morandé hacia la Alameda, capturando el ambiente urbano de Santiago en la década de 1930. Desde su ubicación entre Huérfanos y Agustinas, el artista representó dos edificios emblemáticos: el Seguro Obrero (1928), uno de los primeros rascacielos de la ciudad, y el Banco Central de Chile (1928), diseñado por Alberto Cruz Montt antes de su ampliación de 1937. La obra destaca por reflejar el tránsito y la vida «vertiginosa» de áquel centro santiaguino —con carabineros a caballo y movimiento urbano—, convirtiéndose en una de las estampas más reconocidas de ese periodo y una de las últimas pinturas realizadas por Subercaseaux.

Calle Carmen de Burke, siglo XIX

La pintura firmada por Burke muestra una vista del antiguo convento e iglesia del Carmen Alto San José, y en el fondo el cerro Santa Lucía, uno de los hitos naturales más emblemáticos de Santiago. El templo fue fundado en 1678, por las carmelitas que provinieron de Chuquisaca, Bolivia. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la iglesia, de una sola nave, sufrió una remodelación, siendo el arquitecto Fermín Vivaceta, quien transformó la fachada a un estilo neogótico.

La calle adosada al monasterio, que se conocía como el callejón de los Perros, comenzó a ser conocida como calle del Carmen. En la esquina con la Cañada se ubicó la iglesia, demolida junto a su monasterio en 1942. Si bien la pintura está firmada por Burke, el sitio Surdoc atribuye el óleo a Wilhelm August Rieder.

Esta pintura de Rafael Valdés (1883-1923) ofrece una visión nostálgica de Santiago a comienzos del siglo XX, con una vista desde la terraza de la fuente de Neptuno en el cerro Santa Lucía hacia la antigua iglesia del monasterio de las Clarisas. Este conjunto, de origen colonial y remodelado en el siglo XIX con un estilo ecléctico, fue demolido entre 1909 y 1912 para construir la Biblioteca Nacional. Valdés retrata con detalle su arquitectura y el entorno del cerro, reconocido por sus balaustradas y esculturas francesas del Val d’Osne. Por sus características, la obra habría sido realizada entre 1903 y 1906, cuando el artista estudiaba en la Escuela de Bellas Artes, antes de viajar a Europa, lo que la sitúa entre sus primeros trabajos conocidos.

Lechería Fundo Los Leones de Pablo Burchard, Ca. 1928
Dada la fecha en que fue pintada la obra, es posible pensar que Pablo Burchard (1875-1964) conoció la Hacienda Los Leones, un predio de más de 1.100 hectáreas, que estuvo activo hasta la década de 1920, periodo en que comienza a dividirse. El propietario de los terrenos era Ricardo Lyon y su fundo estaba ubicado en lo que hoy son las comunas de Providencia y Las Condes.

En sus pinturas Burchard desarrolló el retrato, el género del paisaje y las naturalezas muertas, destacándose especialmente por su interés en la representación de objetos cotidianos y sencillos como, por ejemplo, un florero, un tarro de conservas o una puerta.

Peñalolén de Antonio Smith, sin fecha
La pintura Peñalolén de Antonio Smith (1832-1877) muestra una vista amplia de la casona del diplomático José Arrieta, situada en las faldas de la cordillera de Los Andes y centro de reunión intelectual de la época. La obra, centrada en la residencia y su parque, refleja el detallismo y la paleta característica del artista. Smith, pionero del paisajismo chileno, pintaba al aire libre y completaba sus obras en pocos días. Peñalolén fue realizada en el periodo de mayor reconocimiento del pintor, entre 1868 y 1876, cuando su producción alcanzó gran demanda y obtuvo importantes premios, incluido el de honor en la Exposición Internacional de Santiago de 1875.

Paisaje de Pedro Jofré, sin fecha
En una entrevista de 1921, Pedro Jofré (1860-1948) expresó su preferencia por el paisaje como género pictórico y por la luz del atardecer, evitando el sol del mediodía. Su obra Paisaje refleja estas inclinaciones, mostrando la salida de la luna tras la cordillera de los Andes bajo tonos rosados característicos, pintado desde el sector donde hoy se encuentra el Costanera Center.

Jofré acostumbraba realizar apuntes al aire libre en los faldeos cordilleranos de Santiago, especialmente en Los Dominicos, que luego desarrollaba en su taller. Su estilo, de raíz académica, destaca por el dibujo preciso, la paleta naturalista y la composición equilibrada, herencia de su maestro Pedro Lira. Reconocido por su talento, obtuvo medallas en los Salones Oficiales de 1891, 1897 y 1899, además de premios en París (1899) y en la Exposición Panamericana de Búfalo (1901).  

Cajón del Maipo de Alberto Valenzuela Llanos, año 1901
Esta pintura, realizada a comienzos del siglo XX, refleja el estilo característico de Alberto Valenzuela Llanos de ese periodo, con una composición donde el cielo ocupa un tercio del lienzo y la arboleda actúa como punto focal. A diferencia de su pincelada posterior, más libre, aquí aplica pigmentos en capas delgadas y ordenadas, reservando mayor grosor para destacar ciertos elementos.

Valenzuela Llanos (1869-1925) concebía el paisaje como un espacio de serenidad, en consonancia con su carácter introspectivo; trabajaba en soledad y, aunque ocupó cargos como director de la Escuela de Bellas Artes y miembro de la Comisión de Bellas Artes, se mantuvo al margen de las controversias que se presentaban en el circuito. Su producción alcanzó alrededor de 300 obras.

Cajón del Maipo de Pedro Lira, sin fecha
Pedro Lira (1845-1912)
utilizó de forma poco común el formato vertical en algunos de sus paisajes, como Cajón del Maipo, obra que destaca por su composición clásica y equilibrada, con una casa y álamos que estructuran la escena mediante contrastes de color entre verdes azulados y tonos terrosos. Aunque raras veces identificó lugares específicos, se sabe que le interesaban los alrededores de Santiago, como Providencia, Independencia y la Quinta Normal.

Lira fue gestor de importantes iniciativas culturales que marcaron el desarrollo de las artes visuales nacionales. Organizó algunas de las primeras exposiciones de pintura y fue uno de los fundadores de la Unión Artística, entidad que permitió la construcción del Partenón de la Quinta Normal y más tarde, la ubicación del Museo Nacional de Bellas Artes en este lugar, hasta principios del siglo XX.

Cajón del Maipo de Luis Strozzi, sin fecha
Luis Strozzi (1891-1966) dedicó gran parte de su obra al paisaje, especialmente al del Cajón del Maipo. Sin seguir modas, continuó la tradición de Alberto Valenzuela Llanos, enfocándose en representar la naturaleza andina con una paleta de tonos fríos —grises, verdes y amarillos— y composiciones basadas en planos superpuestos. Su pintura destaca por pinceladas firmes y empastes gruesos que transmiten fuerza y realismo. En obras como Cajón del Maipo y Paisaje cordillerano (1922), plasmó ríos, cerros y valles iluminados por la luz del atardecer, mostrando su profunda conexión espiritual con la naturaleza, la cual describió como la fuente de su inspiración artística. A lo largo de su carrera, presentó regularmente sus óleos en salones oficiales desde 1916 y mantuvo una producción constante, alejada de polémicas y centrada en la contemplación del entorno.

Plaza Baquedano de Luis Herrera Guevara, año 1940

Luis Herrera Guevara (1891-1945), abogado y pintor autodidacta, destacó por su espontaneidad y uso vibrante del color, plasmando escenas cotidianas con sinceridad y sin seguir modas estéticas. Sus pinturas creadas entre 1939 y 1940 muestran composiciones centradas en edificios emblemáticos y monumentos, con empastes gruesos y colores intensos, sin seguir una perspectiva tradicional. Es de este periodo, la obra en donde representa la Plaza Baquedano, con el monumento ecuestre al General Baquedano y los Edificios Turri en el fondo.