Archivo Brugmann: Fotografías y relatos de infancia en Chile 1840 – 2000

Fotografías y relatos de la infancia en Chile es la nueva publicación del Archivo Patrimonial Brügmann, una valiosa colección que reúne más de 25 mil registros de nuestra historia, fundado por los conservadores de arte, Mario Rojas y Fernando Imas. En colaboración con la plataforma Amo Santiago y con el apoyo del Fondart Región Metropolitana del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el archivo pone esta vez su mirada en una etapa fundamental y universal: la niñez.

La obra propone así un recorrido visual y narrativo por la infancia en Chile entre 1840 y el año 2000, a través de retratos íntimos, escenas urbanas y recuerdos familiares. La historiadora Magdalena Dittborn acompaña este viaje con relatos que profundizan en cómo niños y niñas se relacionaron con sus pares, su entorno y la ciudad, revelando el lugar que ha ocupado la infancia en la vida pública y privada, y permitiendo al mismo tiempo que nos identifiquemos con nuestros propios recuerdos  y el de generaciones que nos antecedieron.

Revisa el lanzamiento online realizado el sábado 9 de agosto de 2025 vía Zoom.

Y lo que fue la presentación en formato presencial realizada el sábado 6 de septiembre en el Centro Cultural Las Condes.

Compra el libro enviando un mensaje a través de nuestro Instagram (valor $35.000).

© Archivo Brügmann: Niño sentado sobre su maleta, junto a una caja con dos patos, c.1960.
© Archivo Brugmann: Dos niños en la calle Cirujano Guzmán. Al fondo la Iglesia de la Divina Providencia. Fotografía de Hans Storandt, c. 1960
© Archivo Brügmann: Peter Altmann Brügmann jugando con una pelota frente a un auto Ford, en la puerta de su casa en Providencia. Año 1961.
© Archivo Brügmann: Patricia González Chinchón junto a la escultura de Federico Assler en el antiguo edificio de la UNCTAD, hoy Centro cultural Gabriela Mistral. Año 1972.
© Archivo Brügmann: Alumnos del colegio San Ignacio El Bosque de Providencia. Al fondo el mural del artista Mario Carreño. Fotografía de Hans Storandt, 1961.
© Archivo Brügmann: Gerardo y Catalina Infante en la actual esquina de Cerro Aguas Blancas con Cerro La Campana, en el sector de Los Trapenses. Año 1991.
© Archivo Brugmann: Felipe Aguirre Valdivieso con su bicicleta en la puerta de su casa en la calle Jorge Matte, en Providencia, durante la década de 1950.
© Archivo Brügmann: Juanita Barros Orrego acompañada de su hermana Carmina, año 1928.
© Archivo Brügmann: Constanza Iturriaga Pérez y su hermano Pablo un día de paseo por Maipú, en las cercanías del Templo Votivo. Año 1987.

Relatos de infancia

Tras un riguroso trabajo de investigación y entrevistas, la historiadora Magdalena Dittborn Callejas nos ofrece un abanico de anécdotas y memorias íntimas a través de 33 relatos que se encuentran en la segunda parte del libro.

Revisa algunos extractos de estos recuerdos.

“Los días jueves eran especiales; era el día del paseo al tea room de Gath & Chaves”

«Mientras subíamos al último piso yo sentía, en mi corazón y cabeza de niña, que estábamos subiendo al cielo. En el tea room nos sentábamos a oír a un violinista. Para los mayores había jerez y para los niños helados, dulces y pasteles. Cuando nos íbamos, mi abuelo siempre compraba una de las cajas de té que eran de color verde o amarillas  y que decían: Té Special Gath & Chaves».

Aida Pacheco de Brügmann, evoca en este relato sus paseos al tea room de Gath & Chaves junto a su abuelo, Adolfo. Hija de un pionero restaurador chileno de arte sacro, sus memorias de infancia nos trasladan a ese Santiago de la década del 20, lleno de tradiciones y abriéndose a la modernidad.

Extracto de la investigación realizada por la historiadora Magdalena Dittborn Callejas. Revisa el texto completo en el libro Archivo Brugmann: Fotografías y relatos de infancia en Chile 1840 – 2000.

“Trabajé de niño en una fábrica que había en San Pablo”

«Tenía como 11 años cuando regresamos a Santiago. Me fui a trabajar a una fábrica de puertas y ventanas que había en San Pablo al llegar a Chacabuco. Mi trabajo consistía en acarrear madera y me pagaban $1.50 por la jornada de doce horas. Ahí me “cortaron” y encontré ocupación en una fábrica de cigarros, en Santo Domingo con Bulnes. Me tenían para echarles agua con ají a las hojas de tabaco que primero mojaban con bálsamo de papas, ¡mire cómo los hacían!; los llamaban “cigarros solos” y eran el pucho del pobre. Me pagaban un peso al día por las 12 horas de trabajo. Bueno, en todas las fábricas las jornadas eran de 12 horas».

Oscar Vilches creció en la V Región, donde tuvo que trabajar para ayudar a su familia vendiendo pescado, antes de trasladarse a Santiago, donde se sumergió como niño trabajador en una fábrica de cigarros y luego en una fábrica de baldosas. La diversión infantil le fue esquiva, como a tantos niños trabajadores de comienzos del siglo XX.

Extracto de la investigación realizada por la historiadora Magdalena Dittborn Callejas. Revisa el texto completo en el libro Archivo Brugmann: Fotografías y relatos de infancia en Chile 1840 – 2000.

"La Alameda se convertía en nuestra pista de carreras"

«Cuando no estaba leyendo, estaba en la plaza porque la vida de barrio en Santiago también fue una parte fundamental de mi vida de niña. Jugábamos en la Plaza Brasil al “partido” con una pelota de tela liviana. El juego consistía en enfrentar al otro equipo, agarrar la pelota y llegar al otro lado. El equipo que lograba atravesar era el ganador. Otro de mis buenos recuerdos es ir con las vecinas a andar en bicicleta a la Alameda, que se convertía en nuestra pista de carreras. Mientras, los trolleys hacían su recorrido por sus rieles, nosotras jugábamos y hacíamos carreras en el bandejón. La verdad es que eran tiempos felices, llenos de sencillos placeres como jugar con las primas a las muñecas o con las vecinas en la Alameda».

Juanita Barros Orrego fue una niña apasionada por la lectura, que encontró en los libros y el colegio su mayor disfrute. Años más tarde, su vida se entrelazó con la historia deportiva al casarse con Carlos Dittborn Pinto, organizador del Mundial de fútbol de 1962.

Extracto de la entrevista realizada por la historiadora Magdalena Dittborn Callejas. Revisa el texto completo en el libro Archivo Brugmann: Fotografías y relatos de infancia en Chile 1840 – 2000.

“Si el cielo se puede describir, esa fue mi infancia”

«Mi abuela  Adela -una figura crucial en mi vida- era como de otro mundo: una mujer un tanto lejana pero a la vez cariñosa. Era un personaje esa mujer. 

Parecía sacada de una novela. A mitad de su vida, tras una pérdida familiar, hizo un voto de pobreza con Dios, y de ahí en adelante la casa cambió. Como nosotros vivíamos con ellos, recuerdo claramente cómo mandó a sacar a la calle jarrones, cuadros, lámparas, sillas, jaulas y mesas para que quien quisiera se los llevara, pues ahora la vida sería más austera, más piadosa y más centrada en Dios. ¡Nada de vanidades! Había comenzado una nueva etapa de mi niñez con esta abuela que cambió su vida y sus trajes por un sencillo vestido de algodón negro que usó hasta el resto de su vida.

Era tremendamente piadosa y también muy culposa. Su gran pecado era que amaba la pintura. Cuando nadie la miraba se arrancaba a un cuchitril que tenía en el fondo de la casa. Se encerraba a escondidas con sus pinceles a pintar y después salía corriendo a confesarse. A veces la acompañábamos con mis primos, y mientras ella se arrodillaba en el confesionario, nosotros pegábamos la oreja para escuchar sus culpas: se confesaba por pintar en secreto y por comer helado. El curita le decía que el helado no era pecado, pero ella replicaba que sí, que “¡cómo no iba a ser pecado siendo que tantos niños pasaban hambre en el mundo!”.

Carmen Aldunate Salas, destacada pintora chilena, evoca su infancia sobre su vida cerca de los 10 años en el Palacio Errázuriz de calle Catedral, donde las mujeres que la vieron crecer dejaron huellas en la mirada singular que hoy define su vida y su obra. 

Extracto de la entrevista realizada por la historiadora Magdalena Dittborn Callejas. Revisa el texto completo en el libro Archivo Brugmann: Fotografías y relatos de infancia en Chile 1840 – 2000.

“Mi niñez también estuvo marcada por el Mundial del 62”

«Uno de mis mejores recuerdos fue la noticia de que un restorán de Avda. Irarrázaval había comprado un televisor para ver los partidos del Mundial. Era un puesto que se había construido y equipado especialmente para la ocasión ya que casi no había televisores en Chile.

En la vereda instalaron mesas, una especie de terraza improvisada donde llegaban las familias a ver en este único televisor los partidos. Recuerdo los gritos y vítores, los hombres fumando, parándose emocionados, tomándose la cabeza y la gente pidiendo que se sentaran nuevamente para que los de atrás pudieran ver. Nosotros, niños y sin plata para consumir en el local, nos encaramábamos arriba de una reja, colgando de los barrotes con los brazos agarrotados, nada nos importaba mientras pudiéramos ver varios partidos de la selección. ¡Un recuerdo inolvidable!».

Jaime Arriagada Mardorf nos cuenta el especial ambiente festivo de un Chile que vibró unido por el espíritu mundialero. 

Extracto de la entrevista realizada por la historiadora Magdalena Dittborn Callejas. Revisa el texto completo en el libro Archivo Brugmann: Fotografías y relatos de infancia en Chile 1840 – 2000.