La construcción de 1925 regresa con el esplendor de sus inicios. Sus actuales dueños, la inmobiliaria Gestión Urbana, recuperaron su fachada y la totalidad de su interior, incluyendo los pisos de madera, ornamentaciones de yeso y piedra, además de espejos, muros y los vitrales de las ventanas. Además, se instaló un nuevo ascensor y se habilitó una explanada de 220 metros cuadrados en la azotea, con una vista única al Barrio Bellas Artes.
Si los arquitectos Ismael Edwards Matte (1891–1954) y Federico Bieregel (1889–1971) estuvieran vivos, sin duda se asombrarían del minucioso proceso de restauración de la Casa Ariztía que diseñaron hace un siglo y que hoy se encuentra prácticamente lista para su reapertura. Durante el último año, la empresa Acción Restaura, por encargo de los propietarios del inmueble —la inmobiliaria Gestión Urbana—, llevó adelante la recuperación de la mansión ubicada en la esquina de Miraflores con Monjitas.
Un equipo de expertos de primer nivel recuperó cerca de mil metros cuadrados de pisos de madera —entablados de raulí y parquet que volvieron a brillar—, así como los vitrales de las ventanas, las molduras y las ornamentaciones de muros y puertas. Se trató de un trabajo meticuloso que, en su punto más alto, llegó a congregar a más de cien personas y que hoy se apresta a reinaugurar espacios con cien años de historia.
Una historia que partió con Luisa Ariztía, quien tras enviudar, compró a Carmen Vial el terreno en donde levantaría la nueva casa familiar, cuando este sector ya era de los más prestigiosos de la ciudad. Fue ella quien encargó a su sobrino, el arquitecto Ismael Edwards Matte, y a su socio Federico Bieregel, la confección de los planos de una vivienda que sorprendió por su estilo neobarroco hispanoamericano.
Columnas salomónicas en forma de espiral y balcones caracterizan la construcción, de tonos rosados y blancos, que incorpora además elementos de inspiración gótica, como las gárgolas de piedra dispuestas en las caídas de agua, concebidas tanto como desagües como piezas ornamentales.

“Se trata de una casa muy especial para el Santiago de la década de 1920, cuando el estilo francés y los primeros atisbos del movimiento moderno comenzaban a hacerse sentir en la arquitectura local. Como contrapunto, Edwards y Bieregel optaron por una vivienda de corte historicista, con claros tintes del neobarroco hispanoamericano, profusamente ornamentada y con detalles únicos no solo en su fachada, sino también en el interior, donde la herrería, los paneles de madera tallados, los azulejos y las chimeneas (de madera y pisos de mármol) dan cuenta de una riqueza decorativa casi escenográfica”, señalan Fernando Imas y Mario Rojas, socios del Estudio Brügmann, a cargo de la investigación histórica del inmueble.
Características singulares que permitieron a la propiedad contar con protección patrimonial bajo la figura de Inmueble de Conservación Histórica por parte de la Municipalidad de Santiago.
Distintos destinos y propietarios
En 1946, la casona inició una larga sucesión de propietarios. Ese año fue adquirida por Justo Villanueva Castro y, en 1972, pasó a manos del entonces Partido Izquierda Radical (PIR), que la compró por 800 mil escudos. En ese período también funcionó en el inmueble la Radio Yungay.
Tras 1973, el edificio fue destinado a oficinas de la Policía de Investigaciones y, en la década de 1990, albergó al Instituto Chileno Británico de Cultura. En 1999, los partidos PPD y PRSD —continuadores legales del PIR— solicitaron su restitución, permaneciendo en manos del radicalismo hasta 2009. A partir de 2010, el espacio fue ocupado por el Bar The Clinic y el proyecto Radicales, que llegó a albergar una tienda, una galería de arte y una cafetería.
Concebida originalmente como una mansión de tres pisos organizada en torno a dos patios y un jardín, la edificación fue modificándose con el paso del tiempo. La restauración actual incorpora la recuperación de una terraza en el cuarto piso y la construcción de una amplia explanada en la azotea, de 220 metros cuadrados.
Así, el edificio cuenta con más de 30 recintos que se abrirán para arriendo de oficinas, en donde los nuevos ocupantes podrán sorprenderse gratamente por el lugar, que incluye hasta un púlpito ubicado en el acceso por calle Miraflores.
Ariel Benzaquen, gerente de Negocios Inmobiliarios de Gestión Urbana, adelanta que la apertura del espacio está proyectada para fines de junio o comienzos del segundo semestre de este año. “Este proyecto es una oportunidad de rescatar parte de la identidad de Santiago y darle una nueva vida. Quisimos contribuir, de una manera bien concreta, a la recuperación del centro”, señala.
— ¿En qué consistieron los trabajos de restauración?
— El objetivo fue devolverle a la casona su esplendor original, respetando su estilo neobarroco y su valor histórico. Esto implicó la recuperación de la fachada, sus balcones y ornamentos de piedra, incluidas las gárgolas. En el interior, el trabajo fue especialmente minucioso: se restauraron los pisos originales de parquet, los vitrales policromados, las finas tallas de madera en puertas y marcos, así como todos los elementos de yesería. También se intervinieron las chimeneas, las escaleras y la impresionante terraza, que ofrece una vista privilegiada del barrio Bellas Artes. Además, se instaló un nuevo ascensor que reemplaza al original y conecta los pisos uno al cuatro. Para una obra de esta envergadura fue clave contar con un equipo multidisciplinario altamente especializado, integrado por ingenieros, arquitectos, restauradores y artesanos expertos en maderas nobles y yesería, entre otros.
— ¿Cuál es el plan para el espacio?
— El edificio estará disponible para diversos usos vinculados a la innovación, la cultura, el emprendimiento y el mundo creativo. La idea es que funcione como un ecosistema colaborativo y no solo como oficinas tradicionales. Cuenta con espacios diseñados para fomentar el encuentro y la colaboración, entre ellos un auditorio con capacidad para 44 personas y patios interiores.
— ¿Cómo evalúan el proceso de recuperación urbana del centro de Santiago?
— Creemos firmemente en la revitalización del centro. Hoy existen varias iniciativas de recuperación patrimonial en el sector y queremos ser parte activa de ese movimiento que le está dando un nuevo aire al barrio. Como Gestión Urbana, el mensaje es de confianza, compromiso de largo plazo y optimismo. La restauración de la Casa Ariztía, junto a otros proyectos que impulsamos en la zona, es una muestra concreta de nuestra visión de construir valor sostenible para la ciudad.
Así lucía la casona antes de los trabajos de recuperación. Registro de Gestión Urbana.
Imágenes del proceso y estado actual de la Casa Ariztía. Fotografías: Gestión Urbana y Amo Santiago, enero 2026.


















