Santiago cumplió 485 años y, para conmemorarlo, fuimos en busca de la historia del cuadro más emblemático que retrata su fundación. Se trata de la obra que Pedro Lira Rencoret pintó en 1888 y que resguarda el Museo Histórico Nacional (MHN) desde hace 95 años.
Reproducida en textos escolares, investigaciones y libros de historia, la pintura forma parte de la memoria colectiva del país. Fue protagonista de la estampilla conmemorativa de la fundación de Santiago en 1941, sin embargo, su uso más famoso ha sido el reverso del billete de 500 pesos, que circuló entre 1977 y 2000, año en que fue reemplazado por una moneda bimetálica.
Según explica la curadora del MHN, Ximena Gallardo, la obra fue “un encargo realizado a Pedro Lira para decorar los salones de la nueva Biblioteca de la Universidad de Chile. Se exhibió en la Exposición Nacional de 1888, en la Quinta Normal de Agricultura, donde fue premiada. Luego, en 1889, participó en el Pabellón de Chile en la Exposición Universal de París, donde recibió la segunda medalla de plata”. Este reconocimiento —agrega la especialista— llamó la atención del círculo artístico y académico de la época, lo que motivó que la obra fuera adquirida por el Estado chileno.
El lienzo, que mide 2,5 metros de alto por 4 metros de ancho, corresponde a los trabajos de gran formato de Lira y se ha mantenido en exhibición permanente en el Museo Histórico Nacional, salvo en 1996, cuando fue sometido a un proceso de restauración.

Exactitud histórica y personajes
Aunque popularmente se la conoce como La Fundación de Santiago, la obra recrea específicamente el momento en que “Pedro de Valdivia elige desde las alturas del Huelén el llano en que ha de edificar la ciudad de Santiago”, tal como señaló el propio Lira en el título original.
La simplificación del nombre puede inducir a confusión histórica: si bien la reunión con los indígenas locales ocurrió en el cerro Huelén (actual Santa Lucía), la fundación formal y el trazado de la ciudad se realizaron en lo que hoy es la Plaza de Armas.
Otro aspecto relevante son sus personajes. Según señala Ximena Gallardo, en el óleo “se puede ver representado a Pedro de Valdivia con sus huestes, a Francisco de Villagra a su lado y al cacique Huelén Huala sentado en la roca. Y las últimas investigaciones que se han hecho han relevado también que el sacerdote que está con esta túnica blanca, sería en realidad la figura de Inés de Suárez”.

Estudio previo pintado por Pedro Lira donde se ve el personaje con túnica blanca de rostro femenino.
Esto obedece al estudio preliminar que pintó Lira, donde el personaje de túnica, tradicionalmente identificado como el jesuíta Bartolomé González Marmolejo, tiene rasgos femeninos. De hecho, la investigadora Josefina de la Maza fue la primera en plantear en que podría tratarse de Suárez, pareja de Valdivia y figura clave en el proceso de conquista (conoce más en el texto «Los códigos secretos de la Fundación de Santiago» de Alexis López).
La obra evidencia además una marcada asimetría de poder, propia del imaginario histórico de fines del siglo XIX, donde la figura del conquistador predomina visual y simbólicamente sobre la del indígena. Y también expresa el paisaje que encontraron las huestes españolas: el río Mapocho y la cordillera de los Andes. Al momento de la llegada de Valdivia, el valle estaba cubierto por bosques de roble, canelo y espino, y habitado por cerca de 10 mil indígenas distribuidos en distintos asentamientos, entre ellos Huelén, Huechuraba, Apoquindo, Ñuñoa, Tobalaba, Macul, Maipo y Tango. A ellos se sumaban mitimaes, grupos trasladados desde el Imperio inca que convivían con las comunidades locales.
“Esta es una obra icónica para el Museo Histórico Nacional y fundamental dentro de nuestro relato museográfico. De hecho, cuando el público llega al museo, una de las primeras piezas con las que se encuentra es esta pintura”, concluye la curadora.

La fundación de Santiago el 12 de febrero de 1541 —o el 24, como señala Valdivia en sus cartas al emperador Carlos V—no ocurrió en un terreno desocupado, sino sobre un activo asentamiento o centro administrativo-ceremonial inca. Evidencias arqueológicas y documentales indican que la infraestructura del Tawantinsuyu, incluyendo acequias y caminos, fue aprovechada para establecer la capital colonial en el valle del Mapocho.