Te invitamos a leer el siguiente reportaje que es parte del proyecto Historias y recuerdos de locales comerciales de Santiago, una iniciativa financiada por el Fondo de Medios del Ministerio Secretaría General de Gobierno y el Consejo Regional de Santiago.

* Entrevista de Paulina Cabrera Cortés / Fotografías de Claudio Olivares Medina.
Don Pedro Díaz conoce la sombrerería Donde golpea el monito desde que era niño. A comienzos de los años 60, cuando tenía apenas diez años, vivía a pocas cuadras del local de calle 21 de Mayo, por lo que pasar frente a su vitrina era parte del recorrido cotidiano de regreso a casa. Allí se detenía, una y otra vez, a observar el movimiento hipnótico del maniquí autómata vestido de botones, sin imaginar que, décadas más tarde, ese mismo lugar se convertiría en su lugar de trabajo.
Hoy, con más de veinte años como vendedor de la tienda, don Pedro es un verdadero conocedor del oficio sombrerero. Basta que observe la forma de la cabeza y el rostro de un cliente para dar con el modelo preciso, aquel que realza las facciones y equilibra la silueta. Una habilidad adquirida con el tiempo, la experiencia y el trato con generaciones de compradores.
La sombrerería fundada en 1915 por el asturiano José González Noriega y su mujer María Sordo, tuvo primero el nombre de Fábrica Unida Americana de Sombreros, el cuál cambió al ser conocido por «dónde golpea el monito», la figura sonriente y de ojos grandes, que con su bastón golpea incesantemente el escaparate.
Hoy la tienda no es solo un espacio de venta. Fue reconocida como patrimonio vivo por llevar más de cien años en funcionamiento continuo, lo que permitió una restauración integral del edificio que respetó su estructura original y dio paso a nuevos espacios, entre ellos un centro cultural que preserva y proyecta el valor patrimonial e histórico de la sombrerería.
—Pedro, usted trabaja aquí hace más de dos décadas. ¿Cuál es su primer recuerdo del monito?
—Yo lo conozco desde niño, desde los años 60. Vivía cerca y siempre pasaba por aquí. A mí no me daba miedo, al contrario, era algo especial. En esa época el centro era muy distinto, muy seguro, uno podía caminar tranquilo y el monito era uno de esos hitos que uno no olvidaba.
Como este era mi barrio, conocía todos los portales, los cines y habían otros muñecos mecánicos cerca. En calle Bandera había una tienda de telas que se llamaba Donde saluda la oveja, que tenía una oveja que movía la cabeza y en la Galería Edwards, estaba otro que hasta hoy perdura, en la vitrina de una reparadora de zapatos. Ese me gustaba porque ahí lustraban los zapatos gratis… en esa época uno tenía que andar con los zapatos lustrados y con sombrero.
—¿Y cómo fue pasar de mirarlo desde la calle a trabajar dentro del local?
—Fue emocionante. Después de muchos años trabajando en la papelera, llegué aquí gracias a que mi esposa conocía al dueño, el señor Fernando Tamayo. Y él me abrió la puerta para trabajar acá. Aquí mismo estaba el taller, trabajaban tres maestros y una adornadora y en la parte de arriba estaba el sector de la bodega.
Han pasado los años y el monito no envejece. Ahora está vestido de Santa Claus, en Fiestas Patrias se pone traje de huaso y después vuelve al traje de botón y así sucesivamente. Hace poco se restauró, antes tenía un puro movimiento, ahora tiene movimiento en las dos manos y en las cejas.
—¿Qué tipo de reacciones provoca el monito hoy?
—De todo. Hay gente que le habla, había una persona que le dejaba un pan todos los días y otra le dejaba un pescado que teníamos que sacar. Otros incluso le venían a rezar. Hay gente que lo mira, que lo venera.


—¿Y usted fabricó sombreros?
— No, yo solo le planchaba al maestro. Para dedicarse a esto había que estar ahí con él por mucho tiempo. No es un oficio que se enseña, sino que se va aprendiendo mirando. Y, claro, el maestro después le va dando los pasos, las técnicas, para poder fabricarlo. Es un oficio especializado, un maestro puede fabricar solo sombreros de huaso, pero no sabe hacer de otro tipo, aunque tenga la horma.
—¿Qué hace que esta tienda sea distinta a otras sombrererías?
—Aquí no es solo vender un producto. Cada rincón tiene historia, es un lugar de ensueño. Hay gente de 30 años, 40 años y se emocionan porque dicen «me traía mi abuela, mi abuela ya no está. Y cuando yo entro acá, me acuerdo de mi abuela».
—¿Cómo diría usted que ha cambiado el cliente en estos años?
—El cliente se ha mantenido. Aquí hay gente que viene con un sombrero que dice “esto era de mi abuelo, lo compré hace 50 años y lo quiero restaurar”. Y claro, el papá trajo a su hijo y su hijo ahora está trayendo a sus nietos y los nietos están trayendo a sus bisnietos. A ellos se suman los jóvenes y las clientas mujeres.
—¿Y cómo ha visto la transformación de la moda?
Bueno, antiguamente si un hombre tenía tres trajes de tres colores distintos, eran tres sombreros distintos que combinaran con el traje. La moda comenzó a fallar cuando el Presidente de los Estados Unidos, John Kennedy, dejó de usar sombreros.
—¿Pero usted siempre ha usado sombreros?
—Yo siempre, sí. Tengo varios, aunque acá ocupo jockey porque es más cómodo y no tengo que protegerme del sol. Si saliera a la calle, me pongo sombrero con ala.
—¿Y dentro de los clientes que han venido, tiene alguna anécdota de alguien?
—Acá me tocó atender al señor Piñera, era una persona muy, muy chistosa. También venía Felipe Camiroaga, él amaba mucho su chupalla, era un hombre muy sencillo.

—¿Cómo ha cambiado el centro de Santiago en todo este tiempo?
—Ha cambiado mucho. Antes había más respeto y seguridad, la gente se saludaba en la calle. Pero la restauración de este edificio y el local ayuda a proyectarse en el tiempo. Esta tienda tiene 110 años, entonces si restauran a los 100, significa que va a tener 100 años más de vida. No voy a estar a los 220 años, pero otras personas van a poder estar y eso es gracias a la restauración.
—Y finalmente, ¿Para usted qué significa trabajar casi 30 años en una tienda que es patrimonio vivo?
—Primero es un patrimonio de familia. Y segundo, un patrimonio cultural. Cada persona que llega acá es un desafío nuevo para nosotros, porque hay personas que dicen “a mí no me viene el sombrero”, pero le buscamos el sombrero especial para él, para la forma de su cabeza, su rostro y según sus gustos y se van muy contentos.
- Dónde: 21 de mayo 707, Santiago.
- Cuándo: La tienda abre de lunes a viernes
- Para más información visita su sitio web.
- Síguelos en sus cuentas de Instagram Dónde golpea el monito y Centro Cultural La Sombrerería.













