¿A dónde van a parar las hojas del Parque Forestal?

parqueforestalotonoamosantiago4La respuesta a esta pregunta la tiene Laura Morales.

Desde hace 10 años trabaja en la mantención de parques y desde hace cuatro, sus terrenos se mueven en el Parque Forestal, específicamente en el sector 1 y 2 que va entre Plaza Italia y el Museo Nacional de Bellas Artes.

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Laura, que empezó como jardinera y que ha trabajado en el Parque Almagro y en los bandejones  verdes de Franklin, Matta y la Alameda, es hoy la capataz de un grupo de 18 personas, los responsables de limpiar y también recolectar parte del follaje que cae cada día.

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Comienzan la rutina a las 7 de la mañana, primero haciendo un aseo para retirar la basura acumulada en la noche y luego siguen con el barrido de las miles de hojas que se desprenden, especialmente de las tres corridas de plátanos orientales.

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“Son como unos mil kilos de hojas al día, que llenan 15 sacas”, nos cuenta sobre los sacos gigantes de polipropileno. Estos se agrupan para facilitar el trabajo de los camiones de la empresa Solo Verde, conocido como elefante o mamut, que aspira las hojas y luego las tritura para convertirlas en tierra de hojas.

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“Esta misma tierra sirve para cuando plantamos flores o cuando toca rellenar las tazas de los árboles que se colman de maicillo”, revela Laura.

La capataz, que se conoce de memoria cada banco, árbol, estatua y válvula de agua del Forestal, también le ha tocado ver la cara triste del parque. Desde la gente que no es capaz de usar  los basureros hasta la pobreza de las casi 10 familias de indigentes que viven en el parque, algunos de los que usan las mismas bolsas con hojas para resguardarse del frío.

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Orgullosa, nos dice que desde hace unos meses fue ascendida a capataz, por sus conocimientos y también por su trato con la gente.

De hecho, es la voz paciente que coordina al personal haitiano, que en su mayoría saben poco y nada de español y con quienes se hace entender a través de señas.

Chilet Edmond (27) y Jessica Gabriel (25) son parte de los caribeños que marcan la diferencia con su alegría. “A ellos siempre se les ve contentos, pasan cantando y bailando y siempre están disponibles para hacer un buen trabajo” detalla Laura sobre las labores de limpieza, riego, sembradío y hermoseamiento de los prados.

Es cosa de venir al Parque para encontrarse con ellos.

  

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